Una despedida controvertida

Una despedida controvertida

Cuando inicié esta aventura de crear un blog en el que los hombres modernos, que no nos asustamos por hablar de familia, hijos o cuidado personal, pudieran tener su propio espacio, tanto para ellos como para su familia, supe que habría mucha gente que me tacharía de muchas cosas. Me dio igual entonces, y me sigue dando igual ahora, pero quiero dejar una cosa clara: las noticias, opiniones, y artículos que aquí se escriben se hacen todos en tono personal, tanto por mí como por mis colaborador@s, por lo que si alguien no está de acuerdo con lo que se dice, sólo tiene que opinar en comentarios o cambiar de web. ¿Por qué digo esto? Pues porque hoy vamos a hablar de una despedida de soltero que trajo mucho que hablar, sobre todo a aquellas personas que ven en diversión también algo de perversión, aunque no sea así.

Ir a una fiesta con boys o stripers se puede tomar desde dos puntos de vista muy diferentes. Por un lado estará quien aboga por la libertad de esas personas a trabajar en lo que les dé la gana y, si están a gusto trabajando de eso ¿Quién es nadie para juzgarlos? No hacen nada malo así que, como he dicho antes, quien no quiera verlos que no mire y los deje en paz. Por otro lado está quien dice que son personas explotadas, en algunos casos, y un trabajo en que la mujer se ve denigrada. Todo eso estaría muy bien si no fuera porque hay hombres que realizan la misma labor y porque todos y todas son libres de trabajar en ello o no hacerlo (dejando a un lado las posibles mafias que pueda haber).

Hablemos de las causas

Agosto es un mes de bodas y como no podía ser de otra manera yo tengo una, y encima dando gracias de que no sean más. Toda boda tiene su despedida y la semana pasada fui a la que me tocaba como gran amigo del novio. Juan, mi colega, trabaja en Sevilla así que la fiesta se iniciaba allí. Desde Alicante viajamos cuatro amigos el viernes para allá y pasar la tarde-noche en la capital andaluza. Nos alojamos en el Mercer Sevilla, una pasada por cierto, y aunque turismo hicimos poco, he de decir que estuvo genial pasar esa noche tan cerca de la Giralda y la Torre del Oro, pudiendo ver los monumentos iluminados por la noche. A la mañana siguiente, cogimos un vuelo los cuatro amigos, junto al novio, y cinco colegas más compañeros de su trabajo, para regresar a Alicante, donde nos esperaba la segunda parte de la fiesta que, con ilusión, habíamos preparado nosotros con ayuda de Hot Despedidas.

Tal vez fuimos muy típicos y poco originales pero la noche del sábado constaba de cena erótica, espectáculo striper y fiesta, mucha fiesta. Lo pasamos muy bien y nadie imaginó que en la familia de Juan se montaría la que se montó por las fotos que mandamos de ese día.

Lógicamente aparecíamos en Sevilla, en sus calles, y en Alicante, en la cena erótica con camareras en shorts (por cierto, majísimas), con la striper, y luego de fiesta con diademas de “tetas” en la cabeza. Sí… muy típico, lo sé… ¿pero no se ponen las mujeres falos? ¿Acaso eso no es lo mismo? Debe ser que no, porque tanto la novia de Juan, como sus hermanas, padres y una tía que tiene le saltaron al pobre muchacho al cuello… le dijeron de todo menos guapo y, por supuesto, a nosotros no nos quieren ver ni en pintura.

Según ellos, todo lo que hicimos fue denigrante para la figura de la mujer y somos una especie de neardentales disfrazados de chicos del S.XXI. El debate estaba servido…

Lo pasamos bien, nos reímos, bebimos… ¿pero sabéis qué? No se faltó el respeto a nadie, no nos metimos con nadie, ni siquiera bebimos más de la cuenta que es algo que suele pasar y, aun así, se nos tacha de machistas e h… de p… por ser tan típicos de organizar una despedida al estilo tradicional. ¿Podríamos habernos ido a hacer Paintball? Pues sí, pero no lo hicimos, y no tiene nada de malo.

Sea como sea, a lo largo de esta semana, he debatido este tema con mucha gente: amigas, amigos, familiares e incluso con mi sobrina, de 12 años, y siempre llego a la misma conclusión. El problema no es lo que hicimos, o lo que contratamos, el problema es los ojos del que mira lo que hicimos y quien quiera decir lo contrario, que empiece a opinar.