La boda  de su mejor amigo

La boda de su mejor amigo

Isabela, la mujer  de mi amigo Juan, opina que es un descuidado, que no se preocupo nada por su aspecto y que, incluso, en ocasiones se ha avergonzado de él.

Las palabras de Isabela pueden sonar un poco crueles, pero lo cierto es que no se equivoca.  Juan es un auténtico desastre.

A Juan no le gusta demasiado ir de compras y es posible que no cuente con  demasiado tiempo para hacerlo, ya que, por suerte o por desgracia, tiene mucho trabajo.

Juan es informático, lo que le permite trabajar desde casa, por lo que, salvo en ocasiones puntuales, no tiene que presentarse en la oficina. Así que, por norma general,  se atavía con esa fantástica y cómoda prenda a la que llaman “pijama de la calle” o chándal, y como entre semana sólo sale a pasear a Charlie, su querido Beagle, y al bar del barrio, pues sencillamente, pasa de arreglarse.

La gran ocasión.

Pero esta situación de encierro, barba y chándal, tenía que terminar. Así lo había decidido Isabela y así iba a ser. El chándal de Juan tenía los días contados y, el pobre hombre, no tenía ni la menor idea de los cambios que se avecinaban.

La excusa perfecta para el cambio de imagen de Juan iba a ser un acontecimiento inminente, mi  boda con Raquel, para el cual, dos de mis mejores amigos Juan e Isabela, necesitaban ropa nueva. La primera en  hacerse con un fantástico vestido de fiesta fue, Isabela. Esta tarea no le ocupó demasiado tiempo, ya que, desde su propia casa pudo conseguir un precioso vestido en su tienda online de confianza, Miticca, una firma que apuesta por moda fabricada en España, por lo que cuentan con su propio taller, consiguiendo unas confecciones únicas y a precios variados. Además de una línea de ropa de fiesta, Miticca, cuenta también con una línea de ropa casual, que combina lo tradicional con lo actual.

El cambio de imagen de Juan no fue tan sencillo como el de Isabela, el no tenía las cosas tan claras como su novia, por lo que ésta se ofreció a echarle una mano.

Ahora Juan tiene un nuevo vestuario, y un nuevo chándal, aunque Isabela sólo deja que lo utilice para hacer deporte, razón ésta por la que el chándal todavía no ha salido del cajón. Y toda su ropa vieja arde en la misma hoguera que el horrible pijama polar de Isabela (precio que tuvo que pagar ésta por el enorme sacrificio de Juan).  Además le ha dejado a la vista un artículo sobre los hombres mejor vestidos, a ver si se le pega algo.

Zapatos,  zapatillas, camisas, camisetas, jerséis, chaquetas, ropa interior y hasta un chándal nuevecito, todo eso tenía Juan ahora en su vestidor. Ahora, pensaba Sabela, todo será diferente, Juan estará  elegantísimo  y hasta puede que salgamos más. No sabía Isabela lo equivocada que estaba.

Juan ya no usa el chándal, ha sustituido éste por los clásicos calzoncillos, y así se pasa todo el día por casa. Cuando tiene que bajar a Charlie o le apetece tomar una cervecita en el bar, se pone su bañador nuevo (ahora que es verano, en invierno ya lo pensará). Y digo “su” y no “sus” porque, de entre todos los que Isabela le ha regalado, Juan ha elegido solamente uno para convertirlo en su inseparable compañero. Que se puede decir, Juan es un animal de costumbres…

Por su parte, Isabela, ha dejado de intentar convencer a Juan para que se vista mejor o para que socialice más, él ha sido siempre así, y así continuará siendo hasta que se muera. Además, el hecho de que éste se pase la mayor parte del tiempo en calzoncillos, es algo que no le disgusta totalmente, es más, en realidad le encanta, el pechito de Juan siempre le había vuelto loquita (el sentía un sentimiento similar con respecto a los de ella), y ya no le importa tanto pasar tiempo en casa, ahora es su lugar preferido, el de ambos…