Reflexiones sociales en tiempos de Covid19

Reflexiones sociales en tiempos de Covid19

2020 está siendo un año de lo más extraño, en muchísimos sentidos. De hecho, y tenedlo claro, el año 2020 saldrá a partir de ahora en todos los libros de historia, por muchos siglos que pasen, y los niños lo estudiarán como el año de la pandemia del Coronavirus, igual que conocemos hoy que en 1918 fue el año de la pandemia de la mal llamada Gripe Española. Esto es algo que no vamos a poder cambiar así que más nos vale ir haciéndonos a la idea de que estamos viviendo una crisis sanitaria horrible con miles de muertos en todos los países y tenemos que apechugar las consecuencias que se deriven de ella, incluidas las económicas.

Pero el caso es que muchos de nosotros aún tenemos fuerzas, y ánimo, como para intentar darle una patada en el culo al 2020 e intentar seguir con nuestras vidas, lo que no significa que no nos preocupemos, sino más bien todo lo contrario: nos preocupamos, somos precavidos, pero queremos y debemos seguir adelante. Y he ahí el kit de la cuestión, porque si los que podemos no seguimos adelante en todos los sentidos, el país se viene abajo.

Psicológicamente hay que reponerse. El Covid19 nos ha golpeado a unos más que a otros, y los que no hemos sufrido sus consecuencias económicas porque mantenemos nuestro trabajo, ni sus consecuencias a nivel de salud porque tenemos a toda la familia y allegados sanos, hemos tenido que sufrir el confinamiento, el miedo y lo que aún quede por llegar. Así que, queramos o no, todos estamos tocados, aunque no hundidos. Y digo esto porque esa herida ha de sanar para poder seguir adelante y aunque muchos de nosotros no estemos en lo que podríamos llamar “un momento depresivo”, son muchos otros los que sí lo están. Y no importa si, en teoría, no han tenido un peor momento que el vecino, o incluso un peor momento que su pareja (quien debería haber vivido lo mismo), y eso es simplemente porque las cosas nos afectan de forma diferente y para algunos, haber vivido un Estado de Alarma, un confinamiento, ver a todo el mundo con mascarilla y acostumbrarse a vivir con ella, e incluso tener miedo de un posible rebrote es más que suficiente para derrumbarlos. Totalmente comprensible ¿no creéis?

Ponte la mascarilla

Lo que no es comprensible es que haya miles de personas que siguen caminando por la calle con la mascarilla bajada hasta la barbilla, con la mascarilla atada a la muñeca o al codo, o incluso mascarilla. Personas que, todos los días, faltan al respeto de todo el sector sanitario que ha estado luchando, y lo sigue haciendo, por frenar el virus. Personas que faltan al respeto a todas las familias que han perdido a un ser querido. Personas que faltan al respecto a todos los que sí usamos mascarilla cada vez que respiran.

Y hablamos de los jóvenes, pero no son solo los jóvenes. Las fiestas y las “quedadas” pueden hacer mucho daño, por supuesto, pero lo de no llevar mascarilla por la calle lo hace gente de todas las edades, gente con falta de conocimiento.

Por eso es bastante comprensible que sean muchos los que aún no quieran acudir a restaurantes ni bares, lo que no quieran bañarse en piscinas comunitarias y los que no quieran, ni siquiera, pisar la playa, y por eso somos muchos los que, queriendo disfrutar un poco de las vacaciones hemos optado por alquilar casitas rurales con nuestra familia y tener así el contacto mínimo con otros grupos de personas. Es, en definitiva, el año del turismo rural y no tanto el año de los alquileres de pisos en urbanizaciones comunitarias ni de los hoteles, pero esto se veía venir ¿verdad?

Mi familia ha reservado a través de Ruralzoom, dos alojamientos rurales en Extremadura (en uno no cabíamos todos) y no me arrepiento de haberlo hecho pues, visto lo visto, es el único modo de disfrutar de unas vacaciones seguras y sin preocupaciones de más. Y lo siento mucho por el sector hotelero, pero en este país vamos cortos de civismo, educación y respeto, por eso es normal que muchas autonomías hayan decidido obligar a la población a usarlas tanto en espacios cerrados como abiertos. Y es que a veces parece que si no nos obligan a base de multas o sanciones no aprendemos la lección.

Y no es cosa de ahora, eso está claro, la falta de civismo viene de largo en este país (como en muchos otros pero a mí el que me importa es el mío), lo que pasa es que en este 2020 es de vital importancia que todos pensemos en el prójimo además de en nosotros mismos y parece que algunos no saben lo que es eso.

Autonomías que han obligado al uso de mascarilla:

  • Cataluña (multas de 100 euros)
  • Galicia
  • País Vasco (solo localidad de Ordizia)
  • Baleares (multas de 100 euros)
  • Extremadura (multas desde los 100 euros hasta los 6.000)
  • Andalucía
  • Murcia (multas de 100 euros)
  • La Rioja (multas de 100 euros)
  • Aragón (multas de 100 euros)
  • Cantabria
  • Asturias
  • Navarra
  • Melilla

Por otro lado, el presidente de Castilla-La Mancha anunció que va a pedir al Gobierno central que coordine con las comunidades autónomas la obligatoriedad del uso de la mascarilla en todo momento. En otras comunidades como Madrid o la Comunidad Valenciana por ahora, el uso de mascarilla, no es obligatorio mientras se pueda guardar la distancia de seguridad, algo que en mi opinión es imposible ya que el mero hecho de andar por la calle y cruzarte con otras personas en las aceras impide guardar esa distancia de seguridad.

Por eso, en mi familia, aunque no somos tan estrictos como otras personas, no acudimos a interiores de a restaurante o bares, solo a terrazas, no acudimos a piscinas públicas, solo vamos a la playa entresemana y siempre que veamos que se está guardando la distancia de seguridad entre grupos, nuestras vacaciones serán en petit comité y en un área rural poco poblada y con pocos turistas.

¿Y tú, a qué estás dispuesto?