Un garaje lleno de posibilidades

El otro día estaba viendo en la televisión un capítulo de la serie Modern Family, de la que emite la cadena Neox todas las tardes varios episodios, cuando, inesperadamente, tuve la idea para solucionar mis problemas de espacio. Desde hace unos días tengo la idea de montar una maqueta de la Opera de Sídney que me regalaron para rememorar un viaje de hace años a la ciudad australiana. El problema es que no tenía sitio. Hasta que vi al protagonista de la serie haciendo uso del garaje como una habitación más. En casi todas las series de televisión norteamericanas nos venden el garaje como una habitación útil más allá de albergar el vehículo. Las puertas de garaje marcaban el inicio de su despacho personal. Y lo cierto es que un garaje acondicionado de la forma correcta puede dar mucho de sí. Lo primero en lo que pensé cuando me decidí a acondicionar esa estancia como una especie de “laboratorio personal” fue en cambiar el portón por uno moderno, más funcional y decorativo en lo arquitectónico. Lo cierto es que nunca lo había pensado. El garaje para mí era una de esas cosas mecánicas a las que no haces caso apenas. Metía el coche, lo sacaba y nunca más en todo el día pensaba en ello. Simplemente estaba ahí.

Sin embargo, es una pena desperdiciar de esa manera una estancia de la casa que puede servir para otros menesteres además de como refugio para el coche o la moto. Así que, tras bajar una mesa amplia de escritorio que andaba vagando de habitación en habitación sin un lugar fijo, estuve comprobando en internet las diferentes posibilidades que tenía para cambiar mi puerta, que no era precisamente un dechado de modernidad. Lo primero en lo que pensé es que, si iba a pasar algo de tiempo en el garaje, lo ideal sería que la puerta fuese aislante, ya que la estancia es la más próxima a la calle y el frío parece que lo tiene más fácil para colarse dentro. Lo segundo, que el espacio ocupado por la misma debía de reducirse, ya que lo ideal sería que tuviese espacio suficiente para poder moverme por dentro incluso con el coche aparcado. Las ideas iban surgiendo una tras otra, casi como exigencias, pero mi sorpresa era más grande cuando comprobaba que todo lo que yo pensaba ya estaba pensado, diseñado y, seguramente, instalado en multitud de viviendas.

Lo cierto es que, por norma general, en el garaje tenemos un montón de posibilidades que no terminamos de aprovechar. La estancia, además de un espacio destinado al aparcamiento del vehículo, puede dar más de sí y ofrecer un lugar en el que dar rienda suelta a nuestras ideas o aficiones. En estos casos, siempre se cita el caso de Steve Jobs y Steve Wozniak, cuyo proceso de creación del iMac dio comienzo, siempre según la leyenda, en un garaje que tenía alquilado el primero. Sin embargo, son muchos más los casos de proyectos que empiezan a desarrollarse en el garaje. Tanto profesionales como artísticos. Buceando por la red en busca de garajes que me sirviesen de inspiración me topé con la historia de tres hombres peruanos que comenzaron un proceso de elaboración de cerveza en un garaje y que, tras siete años, se han convertido en una marca referencia en el país andino (Barbarian), incluso creando un bar propio que abrirán próximamente. Y todo empezó en un garaje.

Tras informarme con profesionales y elegir entre la gama de puertas de garaje seccionales, recomendadas por casi todos, el siguiente paso fue eliminar algunos trastos viejos y recolocar un poco todo lo que tenía acumulado en la estancia. Esto es algo que también resulta muy común. Decidme, si no, quién no ha pensado alguna vez en el garaje como un pequeño trastero en el que acumular trastos viejos e inservibles en muchos casos. Ahora, terminada, la pequeña obra de acondicionamiento que realicé, he comenzado, por fin, a elaborar esa maqueta de la Ópera de Sídney. Y ese pequeño garaje lo siento como una pequeña oficina propia, en la que paso mucho tiempo. La maqueta no está acabada, pero en cuanto lo esté os la muestro, y de paso veis el garaje.

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