El cercado de una propiedad no va a solo poner una línea que vaya a separar lo tuyo de lo que no lo es. En los entornos residenciales, un cerramiento bueno va a cumplir varias funciones al mismo tiempo: hablamos de que da seguridad, marca unos límites claros, protege zonas que pueden ser más sensibles como la piscina, ayuda al control de acceso para personas y animales y, en bastantes casos, también aporta un atractivo estético al conjunto del jardín y la finca.
¿Por qué importa elegir bien el cierre de tu vivienda?
Como en la mayoría de temas, lo mejor es hablar de lo básico. Cuando elegimos mal un cierre, esto puede acabar generando problemas, tanto a medio como a largo plazo: la sensación de inseguridad, el mantenimiento excesivo, las dificultades para acceder a algunas zonas o hasta los conflictos con vecinos o la normativa local.
En las fincas y chalets, el perímetro suele ser extenso y el terreno puede contar con desniveles, curvas o zonas de acceso verdaderamente complicadas. En un jardín urbano o parterre, por el contrario, los espacios son más reducidos y la estética gana peso. Si hablamos de las piscinas, la prioridad va a cambiar de manera radical, por lo que la seguridad y el cumplimiento de las normas son lo primero.
Por este motivo, antes de que pienses en diseños o materiales, lo mejor es que te hagas tres preguntas básicas:
- ¿Qué es lo que deseo proteger o delimitar?
- ¿Cuál es el nivel de resistencia y durabilidad que voy a necesitar dependiendo de mi entorno?
- ¿Qué aspecto deseo que tenga el conjunto?
Si tienes esas ideas claras, es más sencillo que puedas orientarte entre las varias opciones que pude encontrar en la tienda de Spadico que me recomendó un compañero mío de trabajo, en la que había toda clase de mallas, mallados y paneles.
Mallas metálicas: la opción clásica y versátil
Este tipo de mallas suele ser la clase de cierre más famosa en el terreno residencial. Estamos ante estructuras que se forman por alambres entrelazados o soldados que acaban por crear una red que tiene aberturas de tamaño variable. Son fáciles de instalar, ligeras y se adaptan muy bien a terrenos que son irregulares.
Malla de simple torsión (o malla ciclónica)
Es la clase de malla de rombos que podemos ver en bastantes fincas, parcelas y áreas deportivas. Los alambres se van a entrelazar al formar una estructura flexible que se adaptará bien a las curvas y desniveles.
Se suelen usar mucho a nivel residencial para delimitar parcelas en chalets y fincas, cerramiento de zonas deportivas privadas y para proteger el perímetro básico en áreas rurales o semiurbanas.
Lo bueno es que son económicas y sencillas de conseguir, flexibles y permiten el paso de luz y aire. Proporcionan una seguridad básica, pero no son la opción de mayor robustez frente a los posibles intentos de intrusión que se pueden producir.
Con el paso del tiempo se pueden deformar al no instalarse con postes y tensores más adecuados. En las zonas más expuestas al viento o a los impactos, lo mejor es reforzar bien la propia instalación.
Malla de triple torsión (o malla gallinera)
Parecida a la interior, pero tiene un tejido más resistente y cerrado. Los alambres se van a agrupar en áreas de tres torsiones, lo que le proporciona una mayor firmeza.
Su uso más habitual es para el cerramiento de corrales y áreas para animales pequeños. Del mismo modo, protegen jardines y huertos frente a los animales. Delimitan áreas en concreto dentro de una finca.
Entre sus ventajas podemos hablar de que son más resistentes a una torsión. La abertura es más pequeña, por lo que es de gran utilidad si lo que se quiere es evitar el paso de animales pequeños. Además, es flexible para poder adaptarse al terreno.
Eso sí, hay que tener en cuenta que es más “rústica”, por lo que es posible que no encaje en los entornos más cuidados y no es tampoco la opción ideal si estás buscando un aspecto cuidado o limpio.
Malla electrosoldada
Aquí los alambres se van cruzando en ángulo recto y son soldados en cada punto de la propia intersección, formando una cuadrícula regular. Cuenta con una rigidez mayor que las mallas de torsión.
Su uso habitual es en cerramientos de jardines y parcelas de carácter residencial, así como refuerzo para muros o para revestimientos vegetales. De igual forma, delimita zonas concretas en una propiedad, como áreas para mascotas o para almacenamientos varios.
Entre sus ventajas podemos decir que es de mayor rigidez y estabilidad que las mallas de torsión, cuenta con un aspecto más regular y ordenado. Son más sencillas para cortar y adaptar a las medidas.
Su flexibilidad en los terrenos que tienen fuertes desniveles es importante. Además, necesita contar con una buena fijación a los postes de cara a evitar que se produzcan deformaciones.
Mallazos y paneles: cuando buscas más rigidez y presencia
Si las mallas tradicionales son la opción más flexible y económica, los mallazos y paneles metálicos representan un paso hacia soluciones más robustas, duraderas y con mayor presencia visual.
Mallazo electrosoldado rígido
Lo que debemos tener claro es que el mallazo es realmente una evolución de la malla electrosoldada, puesto que tiene alambres de mayor grosor, soldaduras de mayor resistencia y muchas veces pliegues o refuerzos que le pueden dar esa rigidez extra que demandan. Se presenta en paneles que tienen medidas estandarizadas que se van a fijar a postes metálicos.
Se utilizan frecuentemente en las zonas residenciales en el cerramiento perimetral de urbanizaciones y comunidades de vecinos, así como para proteger piscinas y zonas comunes.
Del mismo modo, pueden delimitar fincas y chalets en los que se está buscando más durabilidad y seguridad.
Como principales ventajas encontramos una elevada resistencia mecánica y a los impactos. Existe una gran dificultad para poder ser cortado o deformado. Cuenta con una extensa vida útil, en especial si está plastificado o galvanizado.
Eso sí, debemos considerar que el precio es más alto que el que tienen las mallas de toda la vida y que la instalación es bastante más exigente, puesto que precisa de postes que estén bien anclados y una buena cimentación.
Dispone de una menor adaptabilidad a los terrenos irregulares que no tienen un diseño específico.
Paneles metálicos decorativos y de seguridad
En la familia de los paneles existen opciones con las que es posible combinar la estética y la resistencia. Esto hace que puedan ser lisos, con relieves, diseños geométricos o que tengan acabados que pueden imitar a otros materiales.
Se usa habitualmente para cerrar jardines en los que se está buscando un aspecto bastante más cuidado. Igualmente, se usa para separar zonas en la misma propiedad y vale para proteger piscinas con un aspecto más limpio y moderno.
Como ventajas, se puede decir que proporcionan un aspecto más elegante y terminado. Se pueden combinar con celosías, vegetación y demás elementos decorativos.
Hay versiones que tienen tratamientos anticorrosivos y que disponen de recubrimientos de color.
Eso sí, hay que pensar que es conveniente escoger bien el acabado dependiendo del entorno y que en las zonas muy expuestas, es fundamental revisar de forma periódica el estado en el que se encuentran los recubrimientos y los anclajes.
Algo que hay que considerar es que se debe elegir bien el acabado dependiendo del entorno en el que nos encontremos. En las zonas que están más expuestas, es fundamental revisar de manera periódica el estado en el que se encuentran los recubrimientos y los anclajes.
Cerramiento de piscinas: seguridad y normativa por delante
Si hablamos de las piscinas, esto merece un apartado en concreto. No hablamos solamente de escoger un cierre que sea económico o bonito, sino de que sirva para garantizar la seguridad de las personas, en concreto de mascotas o niños, así como de cumplir con la normativa vigente.
Las soluciones que suelen ser más comunes para las piscinas residenciales suelen incluir:
- Paneles de mallazo rígido con puertas de cierre automático.
- Mallas de alta resistencia que cuentan con sistemas de apertura controlada.
- Combinaciones de panel metálico y elementos traslúcidos o vegetación que no vayan a comprometer la seguridad.
- Además de la norma, el sentido común ayuda, puesto que un cierre de piscina es complicado de abrir para los niños pequeños, es estable frente a los empujones y tendrá que ser lo bastante alto como para disuadir los intentos de acceso no deseado.
Cierres para fincas y chalets: delimitar sin “encerrar”
En los chalets y fincas, el cierre cuenta con una función doble, puesto que protege la propiedad y a la vez se integra en el entorno. Nadie desea vivir detrás de una barrera que termine convirtiendo el jardín en una especie de patio de prisiones.
En este sentido, es importante saber el papel que juega:
- Altura del cierre: Debe ser la suficiente para marcar límites y proporcionar seguridad, pero no tan elevada que llegue a generar sensación de encierro.
- La transparencia: las mallas y paneles que tienen un cierto grado de apertura hacen posible que el jardín pueda respirar en lo visual y se integre mejor con el paisaje.
El que se pueda combinar el cierre metálico con enredaderas, setos o elementos de manera permite que se pueda suavizar el aspecto y le da una mayor privacidad.
Jardines y parterres: el cierre también decora
Si hablamos de los entornos que son más urbanos o de jardines que tienen un tamaño más reducido, los cierres tienen un componente a nivel decorativo bastante más marcado. No hablamos solamente de proteger, sino de que definan espacios, se creen ambientes y proporcionen una mayor personalidad.