Obsesión, colección o frikismo

Obsesión, colección o frikismo

Hay quien es amante de zapatos y tiene en casa, en un armario escondido, cientos de pares de zapatos. Luego hay quien colecciona chaquetas, de hecho, conozco a una chica que debe tener alrededores de 30, entre chaquetas, abrigos y cazadoras. Lógicamente no le da tiempo a ponérselas todas pero ella es feliz con su armario de chaquetas y cada vez que alguien le quiere hacer un regalo, ya sea por su cumpleaños, navidad, o porque le da la gana, ella siempre pide una chaqueta nueva. Y luego estoy yo, que adoro las gafas de sol.

Es curioso, porque cuando era adolescente empecé a llevar gafas de vista y las odiaba. Al principio no, incluso diría que me quedaban bien, pero luego, conforme pasaron los años empecé a odiarlas porque me resultaban realmente incómodas para todo: para ir a la playa o a la piscina, para hacer deporte, cuando llovía y tenía que estar limpiándolas de las gotas cada dos por tres, etc. Sin embargo, poco a poco empecé a adorar las gafas de sol.

Del mismo modo en el que odiaba tener que llevar gafas de vista, odiaba las gafas de sol, así que simplemente, no tenía. Me apañaba bien achinando los ojos cuando me daba el sol, o el resol (que no sé qué es peor), y pasé muchos años sin ellas. Pero un día, una amiga, se empeñó en que me probara sus nuevas gafas de sol polarizadas, que en aquel momento era como si me dijeras una palabra inventada “¿polari qué?”, y me las puse. Ahí mi vida cambio por completo.

Puede parecer cursi eso de “cambió por completo” pero eso es lo que sentí, porque de pronto podía ver bien, sin achinar la vista, sin que me lloriquearan los ojos, y sin dejarme la piel en ello. Es más, casi podría jurar que con aquellas gafas de sol polarizadas veía mejor que sin ellas. Y así es como acabé comprándome mis primeras gafas de sol, unas Ralph Lauren en oferta que adoraba y que una amiga pisó cuando me cayeron al suelo tres años después. Cogí un disgusto tremendo, pero no podíamos hacer nada por salvarles la vida, así que pensé: “me comparé unas mejores”, y no me compré unas, sino dos, porque había un dos por uno estupendo en la tienda, y luego decidí comprar una más que vi en otra óptica, y cuando mi prima empezó a trabajar en otra me compré unas con su descuento de empleada. Y así, poco a poco, el día menos pensado, miré mi estantería y me di cuenta de que tenía alrededor de 15 gafas de sol y me encantaba la idea de poder ir poniéndomelas según el modelito. Incluso pensé que había gafas de sol típicas del verano, y otras que eran más de invierno, y acabé comprándome más.

Nuevas marcas, nuevos modelos

Apareció entonces la marca Hawkers, y Dr Franklin, y todas esas firmas similares que tienen gafas bastante decentes a precios muy económicos, y acabé adquiriendo más y más gafas de sol. Y luego encontré Gafas Chulas, una web de una red de ópticas española que tiene ofertas prácticamente a diario, y siempre de las mejores marcas. Y así, a lo tonto, he acabado con una colección de 53 gafas de sol, que pueden no parecer muchas si lo comparamos con otros locos de las colecciones de objetos, pero que para ser gafas de sol que solo usa una persona, es a monda.

De hecho, si pienso que algunas de esas gafas me han costado 50 euros y otras 15, por lo que pongo una media de 20 euros cada una, estamos hablando de que en mi estante hay, aproximadamente, unos 1000 euros en gafas de sol. Que supongo que seguro que existe algún modelo concreto con piedras de Swarosky o algo similar que ya tenga ese precio en el mercado ella solita, pero para mí es un auténtico dineral.

Sin embargo, no me considero una persona extraña, ni una loca de las gafas por así decirlo, creo que, en el fondo de todos nosotros, hay una especie de afán por recaudar y conservar aquello que nos gusta que nos hace ser a todos iguales, y por eso hay quien está obsesionado con una serie de televisión, el manga, el anime, los coches deportivos o los muñecos Funky Pop, se les llama frikis, y yo creo que en realidad, todos somos un poco frikis de algo, aunque algunos lo encubran diciendo que son aficionados al fútbol y tengan todas las camisetas de su equipo favorito, y otros digan que tienen un hobbie. Al final todo es lo mismo, todos somos iguales.  ¿o no?